Entrevista a Melania Zorsi, presidenta de la Federación del Citrus de Entre Ríos


Interesados en poder conocer cómo se encuentra el sector luego de este temporal. ¿Cómo los ha afectado?.


Bueno, pasada la semana de ocurrido el hecho que vos comentabas recién, hicimos una recorrida por la zona, por las colonias que mencionaste. Visitamos en una mañana siete u ocho productores para ver los distintos grados de afectación, y quedamos todos muy sorprendidos porque pocas veces, o te diría que nunca, habíamos visto un daño de semejante magnitud.
Tanto en las variedades que ya estaban listas para cosechar como en las que no, porque sabemos que el ciclo arranca generalmente en marzo y se extiende hasta el verano, el daño va entre el 80 y el 100% de la producción. Por ejemplo, vimos naranjas de verano ya en el suelo por la cantidad de piedra que cayó. Es muy serio.

¿Las piedras afectaron directamente la fruta?


Sí. Si te ponías a contar la cantidad de golpes de piedra, podías ver muchas. Eso termina necrosando el fruto, y con la temperatura y humedad que tuvimos estos días, la fruta termina cayendo y pudriéndose. A veces ni siquiera le da tiempo al productor de recolectar lo que cayó para mandarlo a la industria.

Se hablaba también del tamaño considerable de las piedras. ¿Eso también fue un factor importante en los daños?

Exactamente. Vimos daño no solo en la fruta, sino también en ramas: heridas, peladuras, debido a la piedra. Eso, con humedad, y teniendo todo el invierno por delante, representa un gran riesgo para la recuperación de las plantas. Aunque parezca exagerado, también vimos lotes donde los productores ya habían decidido cortar las plantas. Consideran que el costo de recuperación es superior al de plantar nuevas. El daño era tal que parecía una helada: las plantas estaban machucadas, marrones, directamente.

Ante esta situación, ¿qué tipo de medidas se pueden implementar para acompañar financieramente a los productores?


El día jueves nos dijeron que se iba a declarar la emergencia o desastre agropecuario. El desastre agropecuario permite exenciones impositivas a nivel nacional, y ojalá también laborales, porque hay personal permanente en las quintas, y los aportes vencen mes a mes, con intereses. Esperamos conseguir eso para los productores.
En cuanto a la recuperación de quintas, se solicitó a la directora de Agricultura y al ministro, el ingeniero Bernardo, la posibilidad de créditos blandos. Pero necesitamos períodos de gracia de al menos dos años para que el productor pueda recuperarse, porque va a necesitar fertilizantes, podas, pulverizaciones… aunque hoy todavía no se pueden tomar medidas. Hay que esperar para ver el grado de recuperación. Por la fecha del año, no hay mucho manejo cultural posible. Es preferible que pase el invierno y ver el daño real.

¿Cómo están anímicamente los productores?


El panorama es bastante angustiante. Hablamos con muchos productores muy desanimados. Además, el año ya había empezado complicado en lo comercial. Es indiscutible la reducción del poder adquisitivo de los consumidores, y eso afecta al cítrico, aunque es una de las frutas con mejor precio y más accesibles.

Más allá del recorrido con los productores, ¿tienen alguna estadística de cuántos fueron los afectados? ¿Incluye a trabajadores?

Eso se va a saber una vez que se declare la emergencia. Ahí, los productores, voluntariamente, harán su declaración jurada. Esta vez, la provincia pidió que haya un asesor técnico por productor que garantice cuánta superficie está afectada y en qué grado. Seguramente ahí también se sabrá cuántos trabajadores fueron afectados.

En cuanto a la venta de naranjas y mandarinas en Entre Ríos, ¿cuál es la situación actual? Primero, en cuanto a la exportación.


La exportación hoy se mira con mucho interés en el mercado brasilero, que es de gran consumo y cercano a Argentina. Sabemos que trasladarse a otros lugares del mundo tiene costos, tiempos y logística marítima que son limitantes. Parte del cítrico sigue yendo a Rusia, que siempre fue un mercado importante para Argentina, pero hoy el mayor entusiasmo está en Brasil.
El año pasado se comenzó a movilizar fruta con destino a la industria brasilera porque ellos habían reducido su producción. Recién empieza la temporada, habría que analizarla en un mes. Se está comercializando mandarina nova, naranja salustiana, y empieza a hablarse de venta de naranjas ombligo, muy demandadas por el consumidor brasilero.

¿Y el mercado interno?


El mercado interno está retraído por el menor poder adquisitivo, y la fruta se vende a precios que pueden estar apenas cubriendo los costos de producción. El productor y la empresa citrícola tienen que seguir su camino porque hay toda una cadena que mantener, sobre todo si hay empleados. Lamentablemente, no se puede parar. Se trabaja a veces empatando, y en otras, casi a pérdida. Eso después se traduce en menor inversión en las quintas.
En primavera es donde se verá el impacto. Siempre el productor espera que se reactive la venta y que se agilice. En grandes volúmenes, los márgenes son escasos, pero con buena producción, se diluye.

En algunas góndolas vimos frutas importadas. ¿Cómo están viendo eso desde el sector? ¿Los afecta?


El costo de la fruta que ingresa tiene un límite, y no se puede vender por debajo de eso. La fruta importada es de muy buena calidad, lo que también obliga a elevar la vara de lo que se comercializa localmente. Sabemos que son las reglas del juego.
Lo que sí pedimos es que la fruta que ingresa tenga los mismos controles que se exigen a nivel local, sobre todo en cuanto a salubridad y seguridad alimentaria. Es lo que podemos pedir como sector. Por supuesto que, si esa fruta no ingresara, las condiciones serían mejores para Argentina, pero sabemos que la realidad del país hoy es de apertura, no solo con la fruta, sino con casi todos los productos.
Tenemos que aceptarlo y aprender a competir. Pero creo que es obligación del Estado argentino, tanto nacional como provincial, trabajar para que nuestras condiciones de competitividad sean las mejores. Hay que trabajar en bajar impuestos y costos para que podamos seguir adelante. Si no, son condiciones desventajosas que llevan a que haya cada vez menos gente trabajando en el campo.

¿Y esa menor producción puede trasladarse al precio final?


Ya de por sí este año hay menos producción. Acuérdense que el 2024 nos encontró con una casi supercosecha. Fue en condiciones como que las plantas se recuperaron después. Veníamos de dos años de sequía, y en 2024 se recuperaron y fue casi una súper cosecha. Bueno, este año naturalmente hay una menor producción con respecto al año pasado. Todos esperábamos que sucediera en el mercado una recuperación de los precios. Sin embargo, al momento los precios siguen estando caídos. Quizás, como ocurre generalmente con esta actividad, hacia la primavera o verano veamos alguna recuperación. Eso es lo que todos esperamos, claro.

Y a futuro no se sabe, obviamente, porque estamos hablando de un tiempo muy lejano. Lo que deje, por ejemplo, como consecuencia este temporal.

Bueno, eso como te decía hoy, Tiago, tendríamos que verlo después del invierno. Ver hasta dónde alcanzó este daño. Es significativo, porque lo vimos con nuestros propios ojos. Eso va a traer consecuencias y nadie quiere estar en los zapatos de estos productores, realmente.

Me imagino. Justo estaba leyendo en las últimas horas también un documento que enviaban a los medios de comunicación productores de la provincia de Buenos Aires, teniendo en cuenta la cantidad de agua que cayó este último fin de semana, principalmente en la zona de La Plata: más de doscientos milímetros, provocó inundaciones en quintas, en distintos lugares justamente de productores. Bueno, evidentemente la situación es compleja también en otras provincias debido a estos últimos temporales que hemos tenido, ¿no?.

Sí, las adversidades climáticas y estos fenómenos son frecuentes. Nadie puede poner en duda que eso responde a los cambios climáticos. Seguramente habrá que adaptar nuevas formas de prevenir fondos para este tipo de recuperación. Digo, fondos que los aportará el mismo sector privado, ¿no?. Porque a veces las aseguradoras tampoco quieren tomar semejantes riesgos. Será el sector privado el que tendrá que constituir sus propios fondos para estas emergencias o fenómenos climáticos. Porque realmente decirte hoy que cada uno de esos productores necesita mínimamente tres mil dólares por hectárea para recuperar sus quintas… bueno, hay que hablar de –y estamos hablando de– seis mil hectáreas, como se dice, en el Departamento Federación. Es un dinero importante.

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