
“Escalan las tensiones en Gualeguaychú: la Dirección de Trabajo llegó con la Policía para controlar la protesta de ATE”. El conflicto en Gualeguaychú entre el municipio y los trabajadores de Obras Públicas no deja de crecer. Esta mañana, una camioneta de la Dirección Provincial de Trabajo arribó al lugar de la protesta acompañada por la Policía, en un gesto que fue leído por los manifestantes como una maniobra de intimidación. Los empleados municipales, nucleados en ATE, sostienen asambleas y retención de servicios en reclamo de ropa de trabajo, condiciones mínimas de seguridad laboral y el pago de un adicional comprometido por el propio intendente. Sin embargo, lejos de abrir un canal de diálogo, la Secretaría de Trabajo declaró ilegal la medida de fuerza, decisión que el gremio consideró “arbitraria e inconstitucional”. El secretario general de ATE Entre Ríos, Oscar Muntes, reaccionó con dureza a la postura oficial: “Nos sorprendió y nos shockeó que nos traten de mafia. Nosotros reclamamos lo que nos corresponde: condiciones de higiene, seguridad, salario y un adicional que el Ejecutivo prometió y no cumplió. Eso no es mafia, es ejercer un derecho”. Muntes insistió en que las guardias mínimas siempre se garantizan y advirtió que el accionar de la Delegación de Trabajo “solo busca amedrentar a los trabajadores en lugar de escuchar sus demandas”. El conflicto también tiene un fuerte trasfondo político. Davico responsabilizó públicamente a ATE de impedir la inauguración de la planta asfáltica y los tildó de “mafia sindical kirchnerista”. Las declaraciones encendieron la bronca de la dirigencia gremial y de los propios trabajadores, que hablan de persecución política y desprecio hacia quienes llevan décadas en el municipio. ATE anticipó que reforzará las medidas con la presencia de delegaciones de toda la provincia y advirtió que, si no hay voluntad de negociación, la protesta podría extenderse a otros municipios.El panorama en Gualeguaychú es de máxima tensión: acusaciones cruzadas, medidas judiciales, intervención policial y un intendente que, lejos de calmar las aguas, profundiza la confrontación con los trabajadores municipales.
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