
“Cuando el Estado se retira, el narcotráfico se mete en el barrio”. En el merendero Boina de Vasco ya no se habla solo de hambre. Se habla de abandono, de violencia, de consumo problemático y de una narcoestructura que crece donde el Estado se corre. Emanuel Cornejo y Fátima Suárez, referentes del espacio y de la rama Vientos de Libertad del MTE, no esquivaron nada. “Somos la primera trinchera. Las mamás llegan desesperadas pidiendo ayuda por sus hijos. Recibimos violencia, abusos, falta de alimento. Es un combo muy explosivo todos los días”. El merendero funciona hace casi nueve años, detrás de la Comisaría Novena. Hoy sostiene una olla que asiste a unas 275 personas, desayuno para personas en situación de calle y acompañamiento a jóvenes atravesados por consumo problemático. “Sentimos abandono de las políticas públicas en el territorio. Y cuando el Estado se retira, es el narcotráfico el que ocupa el lugar”. “Hay comedores que son puestos por narcos. Eso expone a nuestras infancias. Es muy heavy lo que está pasando”. No hablan solo de hechos policiales. Hablan de economía narco, de plata que circula, de pibes que ven ahí una salida. “Hay una economía ligada al narcomenudeo que le permite a muchos sostener su casa. Esa es la lucha diaria que estamos dando”. Mientras tanto, la crisis empuja a más familias. “Las colas son cada vez más largas. Las porciones aumentan. Viene gente que nunca había tenido que pedir ayuda. Llegan muy dolidos”. En nueve años, aseguran, ningún funcionario se acercó de fondo al merendero. “Trabajamos en salud comunitaria, con equipo, con abordaje integral. Pero necesitamos políticas públicas claras. No podemos quedar a la deriva”. “El merendero da un plato y un abrazo. Pero si el Estado se corre, otros avanzan. Y eso lo estamos viendo en los barrios de Paraná todos los días”.
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